Cuando hablamos de adicción como enfermedad, no deberíamos, a priori, hacer diferenciación de género puesto que es enfermedad en todos los casos. Sin embargo, a pesar de las semejanzas, existen diferencias importantes que se deben tener en cuenta y que afectan de forma directa a las mujeres. Estas son, de forma breve:

Consumo oculto

Mientras que el consumo en el hombre suele tener un carácter más social, es habitual que en la mujer esté mucho más oculto. Este primer punto es determinante para poder abordar su proceso de recuperación.

Lucha por mantener el rol

La mujer, a pesar de que consuma con el fin de intentar cambiar su estado de ánimo y evadirse, lucha por seguir manteniendo el rol de hija, esposa o madre; el cuidado del hogar y de los hijos; además de su puesto de trabajo. La presión social ejercida sobre las mujeres también condiciona la aceptación de la enfermedad y sus posibilidades para enfrentarse a una realidad con múltiples aristas.

Otras patologías

Este estado emocional inestable suele estar acompañado de otras patologías como trastornos de conducta alimentaria, trastornos de personalidad , trastornos afectivos y de ansiedad o trastornos de somatización,  siendo estos los más comunes en mujeres. Estas situaciones conviene que sean abordadas desde un enfoque que ponga en el centro las enfermedades específicas asociadas al consumo y desarrolladas por mujeres.

Estigmatización

Si el consumo en ambos géneros está estigmatizado, en la mujer se hace más pronunciado debido a la negación que existe a la hora de reconocer la enfermedad tal y como hemos comentado anteriormente. Todos los condicionantes previos repercuten en el silencio y dificultan doblemente el tratamiento en el caso de las mujeres.